Por segunda vez en una semana, algún viajero me aporta algo que es exactamente lo que necesito en este momento en este punto del viaje de la vida...
El pasado martes, 8:30 de la mañana Manuel Becerra, decido salir de una relación que no me aporta nada. Allí a mi lado dos hombres peruanos hablan sobre la espiritualidad y comentan una frase entre ellos que a mi me da el corazón un vuelco. En mi ensimismamiento personal, alguien me habla sin saber que esas palabras marcan hoy mi futuro, que son el punto de inflexión necesario para que yo decida no mirar atrás.
Hoy, de nuevo martes 18:23 y en metro al salir del trabajo, a mi lado, leyendo un texto, una mujer de mediana edad, no sabe lo que me aporta lo que estoy leyendo en sus manos, es la clave, mi clave para seguir en el mismo camino, comprendiendo el mundo y aprendiendo para no tropezar en este mismo error.
Qué hacer? Dar las gracias? Intervenir con los aportadores casuales? Al igual que vienen se van... sólo queda el mensaje, ese que necesito, ¡que fortuna haberlo encontrado!.
Como diría alguien que pasó por mi vida:
No existen las casualidades... son serendipias.
