miércoles, 19 de septiembre de 2007

Samsara, la rueda de la vida

Embriagada todavía por la belleza sugerente del espectáculo del ballet de Víctor Ullate, hay que inspirar profundo, despacio y soltarse para sentirse de nuevo en la carcasa del cuerpo dentro del patio de butacas del teatro. Dejar que la mente, que lo maneja todo pare y reflexione sobre lo visto, oído, sentido y percibido incluso más allá de los sentidos...

El ballet para el espectador, comienza en Samsara con imágenes sobre un telón de un ojo cerrado sobre el dolor, la guerra y el desastre para ir encontrando la esperanza a través de motivos de color. Tras el telón traslúcido bailan una especie de mantra de tai-chi.

Cada capítulo del baile una vez con abierto el telón está precedido por una frase reflexión que nos evoca imágenes y la música de diferentes culturas y países:

-De la India nos trae a las oraciones de los indios en su madre el río Ganges

-Del Tibet las oraciones de los monjes budistas

-De la China el fijarse el paisaje de una montaña y el movimiento frágil de los pájaros. Flotar y luchar sobre agua siendo parte de la ingravidez como en las películas de Ang Lee.

-Del islam los siniestro del miedo, del silencio de la mujer musulmana, el machismo y la condena a lo diferente.

-De Europa la alegría de los pueblos con sus diferencias entre mujeres ( la delicadeza, sensualidad, fragilidad e incluso fuerza) y los hombres (lucha, fuerza atlética, orgullo).

Con la invitación cuando se abre el ojo del telón finalmente a la reflexión, desde el presente, sobre la vida, el amor y el sufrimiento.